divendres, 10 de desembre de 2021

Una crítica teatral sobre ‘Historia de una escalera’, de Buero Vallejo

Risas, aplausos y vítores junto a la escalera

El pasado 6 de noviembre, “Historia de una escalera” llegó a las puertas del Echegaray de la mano de la -todavía amateur- compañía teatral Pantomima Teatre

Una crítica de Carla Gandia Tortosa (2n BAT-B)

Esta tragedia social de Buero Vallejo, que está ambientada en la España de posguerra, no puede dejar indiferente a nadie, puesto que, a pesar de tener implícitas una temporalidad y una espacialidad determinadas, muy complicadas de adaptar al escenario, es un drama universal, que se repite en todas las sociedades humanas e incluso en cada individuo. Es por eso por lo que la historia en sí misma ha calado entre los espectadores.

Se trata de una obra un tanto compleja, y por ello difícil de transmitir sin que nadie se pierda por el camino. Sin embargo, supieron muy bien cómo plasmarlo y lograron su objetivo.

El principio de la función, a mi parecer, fue un poco lento. Determinados actores no lograron transmitir las emociones y ambiciones de sus personajes, ni tampoco consiguieron captar acertadamente la atención. Su tono de voz no transmitía absolutamente nada y sonaba forzado. No llegaron a conmoverme ni un pelo.

Pero lo cierto es que hubo un punto de inflexión en la obra. Tras el primer acto salió al escenario María Vicent e interpretó sublimemente una canción que logró ponerme los pelos de punta. Acompañada por un guitarrista, con delicadeza y pasión, dejó asombrado a todo el teatro consiguiendo erizar la piel. Fue sencillamente magnífico.

Tras el primer acto aparecieron nuevos personajes que cambiaron totalmente el transcurso de la obra. Hasta entonces estaba resultando ligeramente monótona. Fue admirable la interpretación de Urbano, no cabe duda de que el proceso de selección resultó ser acertado. Urbano logró destacar sobre el resto. Su tono de voz, sus gestos, sus expresiones faciales, fueron impecables y supo muy bien cómo adaptarse en cada momento. 

El resto de la actuación fluyó perfectamente. La compañía supo dar un tono cómico en determinadas partes de la obra, que acabaron arrancando carcajadas a la audiencia.

La función culminó, aproximadamente, una hora más tarde, con un mar de vítores y aplausos para los actores, y no cabe duda que eran bien merecidos.

Terminé con una gratificante sensación de haber invertido sabiamente el tiempo y con una creciente ansia por descubrir cuáles serán sus próximos proyectos.

En pocas palabras, superaron mis expectativas con creces.

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