dimecres, 4 de març del 2026

Un article sobre el turisme de tragèdia de Marc Pérez Penadés

Cuando visitas Pompeya, es normal sentir algo de miedo y lástima. Cuando ves esos cuerpos petrificados, simples cáscaras de los fallecidos en la erupción, es normal imaginar el dolor y el sufrimiento que padecieron los allí presentes. Pero, por otro lado, hay cierta distancia. Una distancia de miles de años. Así pues, no es lo mismo Pompeya que, sin ir más lejos, La Palma.

Muy a nuestro pesar, hoy en día vivimos en un mundo donde a cada instante ocurre alguna desgracia. Solamente en España padecimos una dana hace poco más de un año. Estos desastres han hecho evidentes la solidaridad de miles de ciudadanos corrientes, así como el papel de los medios en difundir información. Si bien la tragedia sucedió en Valencia, toda España fue testigo. Eso sin contar la muy probable difusión en otros medios de nuestros vecinos europeos. ¿Qué necesidad hay, digo yo, de ir a esos sitios a tomar fotos en vez de ayudar, si ya las redes estaban repletas de imágenes?

Puede que la dana no sea el mejor ejemplo, ya que la gran mayoría de la gente que fue colaboró, y estos están en su derecho de grabar, fotografiar y dar difusión a lo que deseen. Aun así, no podemos ignorar la existencia de esa minoría practicante del «turismo de tragedia», cuya presencia pudo ser mínima en las inundaciones de Valencia, pero que en otras zonas catastróficas son la mayoría de los asistentes. Recuerdo haber leído que, en un terremoto por el Sudeste Asiático, eran tantos que obstaculizaban la llegada de ayuda. Todos los seguidores supieron del seísmo, pero dudo que los locales agradeciesen su ardua tarea de difusión.

Toda ayuda es bienvenida en una hecatombe y la visibilidad es crucial en estos casos, pero tus selfis no sustituyen las ambulancias, ni tus vídeos reemplazan rescates. Si vas al punto cero de una catástrofe, que sea para ayudar y no para usar la destrucción como decorado de una publicación. A veces resulta increíble que la gente salga impune de estos actos. Que la tragedia de unos no sea el entretenimiento de otros.

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