dijous, 21 de gener de 2021

«La responsabilidad de artistas e intelectuales en una dictadura», per l'alumne Ricardo Torras

Desde el siglo pasado ha habido dictaduras más crueles de lo que pudiese haber sido visto. Ahí tenemos el ejemplo de Franco y la fuga de cerebros que hubo sobre todo en el ámbito literario.

Aun así, si un artista permanece en una dictadura será por decisión propia y no tendría por qué afectar a su carrera. Casos como el de Bigote Arrocet, que era cercano a Pinochet, o el de Mario Alberto Kempes, que participó en el Mundial del 78 por Argentina en un momento en el que gobernaba el dictador Jorge Rafael Videla, nos lo confirman.

No tiene que afectar, básicamente, porque no se ha apoyado ningún crimen. En el supuesto de que Dalí, defensor del franquismo, hubiese fusilado a alguien, ya sería cómplice del régimen, pero no ha sido el caso. Y Dalí ahora es un artista bastante reconocido en este país.

No es el caso de la cineasta Leni Riefenstahl, quien participó en el sistema propagandístico nazi. Si bien sus trabajos son reconocidos, fue condenada por los artistas y su obra está prohibida en algunos sitios.

En síntesis, un artista puede vivir en una sociedad en plena dictadura sin participar en esta, simplemente haciendo su trabajo sin que la censura se lo impida.

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