Gran parte de la
sociedad de hoy en día aborrece la tauromaquia. Lo que antes era una tradición querida,
“lo de toda la vida”, ahora es visto como una costumbre retrógrada: maltrato disfrazado
de fiesta popular. Ahora bien, ¿qué podemos decir sobre el champú testado en
conejos con el que se ducha? ¿Qué diferencia los toros del ruedo de las ratas
de laboratorio?
La experimentación animal
es un asunto peliagudo dentro del ámbito científico. Es casi innegable que si
esta perdura es porque se ha considerado más ética que la experimentación con
humanos. Así pues, la única excusa para continuar usando animales en el laboratorio
sería la falta de alternativas, pero la verdad no es esa: hay múltiples opciones
diferentes, como los métodos in vitro.
Por otro lado, no
podemos asegurar que la experimentación animal sea fiable por completo. Si una sustancia afecta al desarrollo del cerebro de las ratas, ¿por qué debería
afectar a los humanos de la misma forma? Claras están las similitudes entre
ambas especies, pero las diferencias son más que evidentes. Un ser humano no es
una rata de sesenta kilos, así que los resultados de unos experimentos en
ratones no tienen por qué aplicarse a nuestra especie.
La sociedad actual está increíblemente
avanzada en las cuestiones sociales: ya son minoritarios (aunque, por
desgracia, no inexistentes) el racismo y el machismo. Pero si realmente
queremos jactarnos de “civilizados”, tenemos que poner punto y final a la experimentación
animal.
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