dijous, 16 d’abril del 2026

Una reflexió sobre l’experimentació animal, per Marc Pérez Penadés

Gran parte de la sociedad de hoy en día aborrece la tauromaquia. Lo que antes era una tradición querida, “lo de toda la vida”, ahora es visto como una costumbre retrógrada: maltrato disfrazado de fiesta popular. Ahora bien, ¿qué podemos decir sobre el champú testado en conejos con el que se ducha? ¿Qué diferencia los toros del ruedo de las ratas de laboratorio?

La experimentación animal es un asunto peliagudo dentro del ámbito científico. Es casi innegable que si esta perdura es porque se ha considerado más ética que la experimentación con humanos. Así pues, la única excusa para continuar usando animales en el laboratorio sería la falta de alternativas, pero la verdad no es esa: hay múltiples opciones diferentes, como los métodos in vitro.

Por otro lado, no podemos asegurar que la experimentación animal sea fiable por completo. Si una sustancia afecta al desarrollo del cerebro de las ratas, ¿por qué debería afectar a los humanos de la misma forma? Claras están las similitudes entre ambas especies, pero las diferencias son más que evidentes. Un ser humano no es una rata de sesenta kilos, así que los resultados de unos experimentos en ratones no tienen por qué aplicarse a nuestra especie.

La sociedad actual está increíblemente avanzada en las cuestiones sociales: ya son minoritarios (aunque, por desgracia, no inexistentes) el racismo y el machismo. Pero si realmente queremos jactarnos de “civilizados”, tenemos que poner punto y final a la experimentación animal.

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